
Casi todos los futuros que nos venden vienen ya diseñados por otros: una empresa, un gobierno, un algoritmo. Pocas veces alguien le pregunta a una comunidad qué futuro querría construir para sí misma. Con esa idea estamos dando forma a la siguiente pieza de nuestro kit educativo: en lugar de proponer un futuro cerrado, planteamos preguntas para que sea la propia comunidad —el aula, el barrio, el grupo de amigos— quien lo imagine y lo discuta. No hay una única respuesta correcta, y esa es la gracia: la justicia de un futuro no depende de lo bien diseñado que esté, sino de cuánta gente ha tenido voz para decidirlo. Ese es el tipo de aprendizaje que queremos que quede, más allá de cualquier contenido concreto.

Conectando culturas, impulsando comunidades en redes sociales
Estrategias digitales que transforman la forma de comunicarse








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