Antes de hablar de módulos, actividades o materiales, hay una pregunta que nos hacemos siempre al diseñar algo para jóvenes: ¿qué historia queremos contarles? Porque una historia bien construida no solo informa, también hace que quien la escucha se ponga, aunque sea un momento, en el lugar de otra persona. Esa es la base sobre la que estamos construyendo nuestro kit educativo «Futuros Posibles»: relatos pensados para despertar empatía antes que para transmitir datos. Historias de comunidades reales, de decisiones difíciles, de futuros que todavía se pueden elegir. Porque cuando una historia logra que alguien sienta lo que otro siente, ya ha hecho la mitad del trabajo educativo. La otra mitad la completa después el aula, con las preguntas que esa historia deja abiertas.

Una buena historia no informa: hace que sintamos lo que otro siente

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